lunes, 27 de octubre de 2008

Educación Vial para niños



¿Cómo y qué asimilan los niños sobre educación y seguridad vial?.

Comencemos partiendo de una premisa, los niños no son adultos en miniatura, los niños son personas en camino de desarrollarse y crecer, de ahí que se deben respetar sus tiempos y sus capacidades a la hora de educar, teniendo en cuenta las etapas evolutivas y el desarrollo cognitivo acorde a su edad.

Enseñar a un niño es una experiencia muy gratificante para los docentes y para los padres, o al menos debería serlo, porque es una oportunidad única de participar de su vida y compartir experiencias.

En lo que atañe a la educación vial habrá que tener en cuenta que el niño no es autónomo, depende de sus padres u otros adultos para circular por la vía pública y los padres tienen que entender que los niños los toman como modelos y copian de ellos actitudes e incorporan conocimientos.

Los niños hasta los siete años incorporan la mayoría de los hábitos, actitudes y valores que luego pondrán en práctica durante toda la vida, en esa etapa son muy receptivos y, si bien todavía son muy pequeños para aprender sobre normas y señales de tránsito, sí pueden incorporar nociones básicas elementales sobre educación vial.

De ahí que cualquier programa de Educación Vial a implementarse con niños hasta los siete años, deberá tener en cuenta lo siguiente:

Su evolución
Su inmadurez psicológica y física
Su desprotección frente a las condiciones del tránsito actual

Considerar que también es un peatón

Los niños perciben de manera diferente que los adultos el mundo que los rodea, lo perciben desde su desarrollo evolutivo limitado y desde características propias de la infancia, lo cual tiene influencia en su rol de peatón.

¿Cuáles son las diferencias en la percepción de los niños?

Los niños tienen una visión de "tubo", su campo visual es un tercio menor que el de los adultos; recién a los doce años aproximadamente, adquieren la maduración definitiva de su capacidad visual.

Esa limitación afecta su percepción de distancias, profundidad y movimiento. No perciben los niños de la misma manera el avance de un animal hacia ellos que el de un automóvil ¿por qué? porque el animal mueve patas, cola, lengua al avanzar; los niños visualizan eso y perciben su acercamiento, mientras que un automóvil no se deforma a medida que avanza y los niños no puede percibir su movimiento.

Su campo visual es más estrecho que en el adulto y tienden a concentrarse en un solo punto, lo cual les impide también percibir los movimientos del tránsito.

La anatomía de su oído se concentra en un solo lugar, a diferencia del adulto, donde los componentes del oído están más separados unos de otros.
Al escuchar un sonido, los niños centran su atención en el lado opuesto de la señal emitida, porque los canales por donde entra el aire son más estrechos y pequeños, necesitando de la percepción visual para determinar la dirección de donde proviene el sonido. Esta forma de percepción los expone a muchos riesgos en el tránsito.

Su inmadurez psicológica hace que respondan a estímulos sin advertir el peligro, como tampoco pueden analizar situaciones en las que puedan quedar inmersos.

Son también inmaduros sus reflejos, careciendo de habilidad, fuerza muscular y coordinación de movimientos que son necesarios para salir de diversas situaciones en la vía pública; basta con verlos jugar de manera concentrada sin atender a lo que sucede a su alrededor para comprobarlo.

Carecen de la capacidad de análisis que sí poseen los adultos, no pudiendo identificar situaciones peligrosas en el tránsito ni relacionar varias circunstancias para decidir qué hacer. Ejemplo: cuál es el lugar y el momento más adecuado para cruzar la calzada.

Frente a la situación siempre cambiante del tránsito no puede prever circunstancias riesgosas o calcular el tiempo y el espacio necesarios para ejecutar ciertas acciones en el tránsito.

Debido a su corta estatura tienen dificultades para ver por encima del capot de los vehículos y también para ser vistos por los conductores. Un momento de especial peligro es a la salida de la escuela, ya que los niños tienen la sensación de que cuando se retiran de la escuela, lo hacen de un ámbito controlado, quedando librados a sus impulsos, sin controles de los adultos. Ahí es cuando pueden surgir estímulos que los impulsen a exponerse a peligros, dentro de los cuales está la posibilidad de un accidente vial.

Teniendo en cuenta los factores citados, la enseñanza de la educación vial deberá estar relacionada con su entorno inmediato, su rol como peatones y la presentación de casos prácticos vinculados con su vida diaria por ejemplo, tiene que aprender que en el ambiente donde se mueven hay señales de tránsito que los orientan y ayudan y también a asimilar normas básicas de circulación.

Conocer su entorno habitual equivale a que sepan cuál es su domicilio, el de su escuela y el de sus familiares más cercanos, como así también el domicilio del trabajo de sus padres, los comercios que rodean su hogar y a los que habitualmente concurre y también cómo llegar a su casa, si tiene que cruzar avenidas y calles, saber cuáles son, si hay señales, semáforos y también si hay mucho o poco tránsito por esas calles.

Con respecto al semáforo, una de las principales señales de tránsito, es prioritario que aprendan el significado de sus colores y la identificación de las figuras del semáforo peatonal. También que reconozcan y estén atentos a las salidas de vehículos, las señales de peligro y otras que son útiles para orientarse.

Aprender normas básicas de circulación equivale a que sepan escuchar y mirar a ambos lados antes de cruzar una calle, cruzar por los lugares donde pueda ser más visible para los conductores, cruzar en las esquinas caminando, ni corriendo ni saltando (y menos aún cruzar en diagonal), girando bien la cabeza para ver con claridad si se acerca algún vehículo.

Lo más complicado será que aprendan a diferenciar las distintas señales que indican peligro, prohibición u obligación, lo cual se puede ir incorporando a través de dibujos de esas señales y reforzando la actividad con una recorrida por las calles para que vean las señales de tránsito.

Otra actividad que recomiendan los psicopedagogos es que se trabaje en clase asociando las formas de las señales con objetos y tener en cuenta que según su edad, los niños comprenderán o no las señales escritas.

Algo que se considera de vital importancia es que la escuela se relacione con los padres y que éstos participen en las actividades que los niños realizan: el dibujo, los paseos y las clases, porque ellos son el espejo donde los niños se ven reflejados; sus actitudes los influenciarán negativa o positivamente, si éstos se muestran coherentes en el tránsito influirán en la forma de conducción futura de los niños ayudando a reducir el riesgo de accidente.

Cuando se implementa Educación Vial para niños, hay que tener en cuenta también que se está educando al futuro ciudadano, de ahí que se debe prestar atención a su seguridad pero, a la hora de enseñar normas, también habrá que tener en cuenta el agregado de valores como:

Obediencia
Respeto
Solidaridad
Comprensión
Compromiso
Tolerancia
Responsabilidad

Indudablemente la Educación Vial desde la niñez equivale a tener en cuenta la suma de factores que influyen en el comportamiento en la vía pública, desde los valores y actitudes que se ponen en juego hasta el reconocimiento y apropiación de las normas de tránsito. Toda tarea que se encare en este sentido tiene la función de educar para la prevención.

Fuente: Grupo Asegurador La Segunda