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viernes, 4 de octubre de 2013

Compromiso y respeto, claves de la Educación y Seguridad Vial




En la búsqueda de una Educación vial que hoy tratamos de abordar desde la infancia como la mejor manera de prevenir incidentes, accidentes y siniestros viales, no puede estar ausente el enfoque biopsicosocial y espiritual que apunte a la formación integral de futuros actores sociales capaces de desarrollarse y actuar para contribuir al bien común y al crecimiento social sano que facilite y priorice la cultura de la vida.

Para ello debemos reconocer que se necesita una renovación de la sociedad en cuanto a comunidad humana formada por personas que se sientan miembros del grupo humano en el que viven y tomen parte en la vida cultural y social interviniendo en todos los ámbitos del quehacer humano.

Se necesitan personas con capacidad de asumir el compromiso y la corresponsabilidad mutuas. Mucho se habla de la educación en valores, del compromiso, la responsabilidad, la solidaridad, pero poco se desarrolla el concepto esencial que lleve al entendimiento conceptual de dichas palabras, lo cual no pasa por una mera definición sino por el sentido ontológico que encierran.

Los docentes, además de centrarse en la enseñanza de contenidos específicos sobre educación vial, tienen la misión de inculcar en sus discípulos el sentido total del motivo que lleva a abordar la temática correspondiente.

Si hiciéramos una pregunta clave para contribuir al mejoramiento del tránsito vehicular, ésta sería una: ¿qué nos está faltando? y una posible respuesta sería: nos falta compromiso.

¿Qué es el compromiso?


Se dice que una persona se encuentra comprometida con algo cuando cumple con sus obligaciones, con aquello que se ha propuesto o que le ha sido encomendado.

El compromiso nace de una exigencia o empeño de las personas, es una fuerza interior que nos impulsa a la acción, es una manera de plantarse en la vida asumiendo con responsabilidad y exigencia personal un quehacer para conseguir una nueva manera de vivir en la sociedad.



El compromiso tiene rasgos propios y no hay compromiso sin testimonio, acción y servicio


En el planteamiento global de todo compromiso de vida se perciben características que, sin necesidad de ser puestas ante los demás como el mejor o el único modelo a seguir, sirven, no obstante, para dar una cierta armonía al estilo de vida de una persona o a la personalidad de un grupo y una mayor estabilidad y eficacia a unas acciones.

Dicen que el movimiento se demuestra andando y es cierto, como cualquier otra acción que no basta proclamarla con la palabra sino que tiene que demostrarse.

El compromiso se demuestra comprometiéndose

Si de niños nos enseñan a cumplir con las promesas, a ser respetuosos con los demás y con las normas implementadas en cualquier ámbito para un mejor funcionamiento total, se evitarán males mayores.  Acciones mínimas como por ejemplo esperar para cruzar hasta que la luz del semáforo indique el paso, hoy no se ven en la calle, la mayoría de las personas, vayan caminando, en auto, en bicicleta, en moto o cualquier otro vehículo, cruzan sin importarles en lo más mínimo que la luz les impida avanzar. Es como si en lugar de cada uno cuidarse para no ser atropellado, esperara que sean los demás los que tienen que agotar las instancias para no atropellarlo.

Y no es que no lo sepan, no es que nadie les haya enseñado, es que no aprendieron o no quisieron aprender o se creen inmortales, invulnerables y circulan por la calle como si estuvieran solos. Hay un deficit de atención en los peatones, no se comprometen con la vida, no les importa el prójimo porque no les importa ni siquiera su propia vida. Es lamentable pero parecería que es así.

El cambio se producirá cuando las personas cambiemos, si lo esperamos todo de las estructuras de poder o de cualquier otra índole, no lograremos más que profundizar las deficiencias porque toda estructura está compuesta por PERSONAS. Son (somos) las PERSONAS, las que hacemos la diferencia, sea en el tema tránsito o cualquier otra actividad humana.

María Inés Maceratesi

martes, 31 de agosto de 2010

Valores para la vida y para la conducción


Los accidentes de tránsito afectan la salud física, psíquica y anímica de una gran cantidad de argentinos, de ahí que no podemos dejar de insistir sobre la necesidad de revertir esta situación tan angustiante.

Numerosas campañas que se han desplegado a partir de los medios de comunicación, de las entidades de bien público, de los organismos estatales, parecería que no han sido ni son suficientes para lograr el fin perseguido.

Muchos expertos y estudiosos de las causas de los accidentes de tránsito destacan como prioridad la Educación Vial para todos pero especialmente para los niños en edad escolar y ahí es donde juegan un rol muy importante los docentes que tienen una misión fundamental como agentes de prevención y son, a mi entender, el nexo que une a toda la comunidad educativa, incluyendo por cierto a directivos, supervisores y padres.

Son muchas las herramientas que se han elaborado para ayudar al trabajo en el aula, herramientas que contienen elementos teóricos básicos como la identificación y conocimiento de las señales viales por ejemplo.

Pero los docentes tienen en sus manos la delicada tarea de complementar la teoría con la práctica, toda la comunidad educativa la tiene porque la escuela posibilita la formación integral del hombre y la mujer y vela porque se realicen como personas en las dimensiones social y ética para que lleguen a ser ciudadanos responsables, protagonistas críticos, transformadores de la sociedad en la que viven y defensores de las instituciones democráticas. La educación vial en este sentido está inserta dentro de la Educación en Valores porque lo que está en juego a la hora de conducir un vehículo, es ni más ni menos que la vida humana, un valor básico y fundamental.

La formación de la conciencia apunta a que los seres humanos vayamos madurando en el ejercicio de la libertad de elección, haciendo que ejecutemos actos plenamente humanos pero apoyados en los límites que necesariamente debe tener el ejercicio de la libertad.

Aquéllo de que mis derechos terminan donde comienzan los de los otros es algo que hoy no se ve muy frecuentemente dado el intenso individualismo del que se ha impregnado la sociedad toda. Individualismo que nos han querido "vender" como una condición para ser libres y sin educarnos para reconocer que todo debe tener un límite. Y así fuimos haciendo nuestro camino quienes ya somos adultos, navegando entre la necesidad de reconocernos libres, respetados, dignos pero sin la responsabilidad necesaria para que, aquéllo que exigimos de los demás, sea una conducta que nosotros practicamos.

Tampoco nos insistieron demasiado para que aprendiéramos a reconocer que cada acto humano tiene sus consecuencias y que debemos hacernos cargo de ellas. Así vemos como quien transgrede una norma piensa que está actuando libremente y no es así, porque las normas sirven para crear un orden elemental para hacer posible la convivencia de modo tal que si la transgredimos nos engañamos y ponemos en riesgo la necesaria organización social en la que estamos contenidos.

La prevención de los accidentes de tránsito requiere de una acción total sobre todas las dimensiones del ser y el hacer humano y para lograrlo hay dos caminos, el personal y el comunitario.

Dentro del quehacer personal se encuentran todas las iniciativas destinadas a concientizar y educar a las personas, como puede ser la Educación Vial y dentro de la comunitaria encontamos la responsabilidad que tienen las autoridades de hacer cumplir las leyes, ya que es el único método eficaz para combatir y reducir los accidentes de tránsito y así como se exige el rigor en las sanciones a quienes transgreden la ley, deberían implementarse ciertos beneficios para quienes la respetan como por ejemplo, reducirse el costo de los seguros, o de la revisión técnica periódica y obligatoria o extender en el tiempo el permiso para conducir.

Si fueren necesarias reformas para sancionar más contundentemente a quienes transgreden la ley y ocasionan accidentes, deberían realizarse a la brevedad y los ciudadanos deberíamos reclamar ante los legisladorespara que se dediquen a legislar para los ciudadanos en lugar de ocuparse de ver quién tendrá el poder en el futuro.

Si circulamos por cualquier calle o avenida de Buenos Aires podemos comprobar a simple vista el deterioro que tienen veredas y asfalto, lo mal sincronizados que están los semáforos y la ausencia de éstos en lugares estratégicos.

Es común también verificar la presencia de personal policial en algunas calles que no están atentos a las infracciones que cometen algunos conductores o directamente no tienen interés en corregir, dentro de lo que les compete, alguna situación inconveniente.

Si observamos entonces muy atentamente a nuestro alrededor, podremos constatar que existen escollos de todo tipo pero por alguno hay que comenzar a cambiar el clima de anarquía en el que vivimos, cambiar a partir de la educación será una tarea a largo plazo pero que debe comenzar ya para poder equilibrar los derechos y libertades de la comunidad con la labor que realizan las fuerzas de seguridad, dentro de los límites que marca la Constitución Nacional.

¿Será necesario aumentar el personal policial y de seguridad? ¿Será necesario encarar campañas de educación vial en forma permanente? la respuesta es sí, pero también se necesita profundizar los cursos y exámenes para otorgar la licencia de conducir, concretar un programa de mantenimiento, mejorar y ampliar la red vial urbana, suburbana y rural ya que su mal estado provoca un gran número de accidentes, etc, etc.

Pero no es solamente una tarea que debe hacer el estado, nos compete a todos los ciudadanos porque todos podemos contribuir en algo mejorando nuestra conducta, corrigiendo a otros conductores cuando vemos que están cometiendo una transgresión, advirtiendo a ese policía que se hace el distraido cuando ve a alguien que está mal estacionado por ejemplo, en fin, la tarea es ardua, larga y profunda pero vale la pena cuando pensamos que con cada actitud que cambiamos para mejorar es un accidente que evitamos o una vida que salvamos.

De todos modos accidentes siempre habrá pero por lo menos, busquemos que se reduzcan porque si no cambiamos nosotros, nada cambiará y lo que es peor, se agudizará.

Todo lo antes dicho se podrá realizar teniendo como mediadora a la humildad, una virtud que hace a los seres humanos capaces de pensar en el otro, de dar y recibir, de asentir o disentir con respeto y de ponernos en el lugar del otro para comprender y aceptar que todos podemos aprender de todos.
Texto: María Inés Maceratesi
Bibliografía: Ley Nacional de Tránsito, Seguridad Vial ONU, Seguridad Vial OSM