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miércoles, 19 de agosto de 2009

Educación vial. Experiencia en escuelas de Tucumán


La pista recorrerá toda la provincia y se armará, cada 20 días, en una escuela diferente.

La pista que se inauguró ayer fue adquirida por el Ministerio de Seguridad bajo la modalidad de comodato. Por este motivo, las autoridades firmaron un convenio con la Cámara Automotor de Tucumán.

El propósito es que la gran pista, de 192 metros cuadrados, viaje por toda la provincia. "Como es una estructura compleja, planeamos armarla cada 20 días en una escuela para que todos los estudiantes de la zona la vayan visitando", explicó el secretario de Transporte, Ramiro Gutiérrez.

La pista, formada por grandes baldosas que se unen, tiene un complejo semaforizado de verdad, platabandas con señales de tránsito y 15 karts.

Un equipo de agentes de la Policía Vial visitará cada establecimiento escolar para enseñarles a los alumnos las normas de tránsito. Luego, los chicos podrán acceder a la pista para demostrar lo que aprendieron.

El ministro de Seguridad, Mario López Herrera, opinó: "un niño debe llevar a la práctica sus conocimientos sobre normas de seguridad vial. Sobre una pista aprenden jugando y van fijando hábitos sobre conducción segura". "Tenemos la esperanza de que los hijos también ayuden a los padres a que cumplan las leyes. Por eso apostamos a los chicos de la primaria, que tienen un sentido de la responsabilidad incluso mayor que el de una persona adulta", aseveró.

Tienen alrededor de ocho años, no manejan autos pero conocen las normas de tránsito. Alumnos de la escuela Monteagudo mostraron sus conocimientos viales en la minipista habilitada en el Complejo Belgrano

Frunce el ceño y cruza los brazos. Levanta la voz para intervenir en la conversación: "yo una vez estaba en el parque 9 de Julio y me enojé mucho porque pasó un hombre con cuatro pasajeros en una moto". Luis Hernán Coronel no sabe manejar un auto, pero conduce con gran habilidad la bicicleta y el kart, asegura. A pesar de sus ocho años de vida ya conoce todas las leyes de tránsito. Será por eso que no titubea cuando dice que los accidentes ocurren porque los adultos no respetan las normas para circular.

Si no fuera por el tono de voz y la baja estatura que tienen, cualquier podría pensar que la charla con los alumnos de tercer grado de la escuela Monteagudo se desarrolla entre adultos. La mayoría confiesa que ha visto muchos choques cerca de su casa o camino a la escuela. Les preocupa la situación y afirman que les gustaría crecer rápido para tomar el volante y hacer de las calles un lugar más seguro.

Ayer a la mañana pudieron ensayar y poner en práctica sus conocimientos en la mini pista que inauguró la Secretaría de Transporte de la Provincia. Llegaron ansiosos al Complejo Belgrano y apenas se subieron a los karts demostraron lo que habían aprendido en el aula sobre señales de tránsito.

RecreaciónSobre la estructura de 12 metros de ancho por 16 de largo, los niños recrearon el tránsito de una ciudad ideal, en la que los vehículos avanzaban cuidadosamente al ritmo de lo que indicaba el semáforo. "Pará, pará antes de la senda peatonal", le señalaba una de las alumnas a su compañera, que circulaba unos metros adelante. La niña aprovechó para recordarle a un agente de seguridad vial que cuando hay una doble línea amarilla sobre el pavimento no se puede sobrepasar un vehículo. También explicó el significado de un cartel ubicado en una platabanda.

"Prohibido avanzar", precisó la alumna, al referirse a la flecha atravesada por una línea roja.

Consejos a los padres

Andan fuerte, no respetan las señales y se distraen hablando por celular. Estos son los tres motivos por los que, según los chicos, los adultos protagonizan muchos accidentes. "Le digo a mi papá que se cuide y que use el casco. Sólo a mí me hace caso", exclamó Ludmila Cárdenas, de ocho años. La pequeña contó que desde hace unas semanas ya no se sube más a la moto de su papá, porque ella no quiere viajar sin casco. "Es un peligro, ¿y si me pasara algo grave?", se preguntó preocupada.

Cuando se les consultó qué medidas tomarían para disminuir los choques, Ludmila y sus compañeras, Angeles Lobo, Luz Durán, Rocío Argañaraz y Florencia Silva, respondieron: ponerse el cinturón de seguridad, respetar los semáforos, no conducir a velocidades altas, no tomar alcohol si se va a manejar, no distraerse conversando y frenar en todas las esquinas. "Si no nos cuidamos nosotros, vamos a seguir viendo cómo sufre la gente a causa de los accidentes", concluyeron.
Texto y foto: Diario "La Gaceta" www.lagaceta.com.ar

martes, 31 de marzo de 2009

Fatiga y enfermedad, causas de accidentes de tránsito



El consumo de medicamentos y el cansancio acumulado tras la jornada laboral aumentan la siniestralidad viariaMás de un millón de personas en todo el mundo pierde la vida cada año por culpa de la siniestralidad viaria. Aun así, muchos vamos y volvemos en coche siempre y de cualquier modo. Volver, en todo caso, es siempre más difícil que ir.

El cansancio de una prolongada jornada de trabajo, los ritmos circadianos del organismo o el consumo de sustancias psicotrópicas pueden pasar factura.

Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Harvard ha investigado cómo y por qué.

Laura K. Barger, investigadora de un grupo de trabajo de la Universidad de Harvard sobre seguridad, salud y horario laboral, ha alertado a las autoridades federales estadounidenses sobre el riesgo que suponen los cambios horarios del trabajo y, en particular, la ampliación de jornada, por su impacto en la siniestralidad viaria in-itinere.

Los investigadores llevaron a cabo un estudio en toda la nación, con 2.737 trabajadores reclutados, pormenorizando sus turnos laborales, accidentes o distracciones graves y paradas obligadas por culpa del sueño. Un 9,1% de estos trabajadores habían tenido un accidente de circulación en el plazo de un mes, mientras que un 16,2% comunicó distracciones graves que casi causan un accidente.

Computando los datos recogidos, el equipo logró aparejar estadísticamente las variaciones de turno y la ampliación de jornada con la casuística de episodios, de forma que los trabajadores sujetos a cambios de horario laboral tuvieron un aumento del riesgo de accidente del 3,69%.
Conducción y enfermedad
No haber conciliado el sueño durante 24 horas seguidas predispone un conductor a una conducción equivalente a la de un grado prohibitivo de alcoholemia. Lo que ocurre, es que los controles de tráfico no disponen de «medidores de sueño», por lo que los agentes no pueden prohibir que se circule bajo estas condiciones.
Muchos son los accidentes de tráfico que tienen lugar por distracciones causadas por el sueño. Pero son muchos más los riesgos de salud que pueden dificultar una conducción eficaz. El paciente diabético, por ejemplo, tiene un riesgo especial de sufrir accidentes de tráfico por su predisposición a los episodios de hipoglucemia.
Un tercio de diabéticos insulino-dependientes reconoce haber padecido episodios hipoglucémicos durante la conducción, y un 5% adjudica a una hipoglucemia el accidente ya ocurrido.Los trabajadores sujetos a cambios de horario laboral incrementan el riesgo de accidente.
El conductor epiléptico, por otro lado, tiene un riesgo aún mayor por la posibilidad de pérdida de conciencia y por el efecto de la medicación que requiere de forma crónica. De hecho, se ha observado una mayor incidencia de accidentes e infracciones entre los conductores epilépticos que entre conductores sanos. Las convulsiones parciales complejas, con pérdida de conciencia más o menos brusca, puede estimarse que suponen en torno al 40% de los casos de epilepsia entre conductores. En muchos de estos casos no se identifica un aura previa a la crisis y es habitual que exista un periodo amnésico a continuación. Tales hechos dificultan mucho la prevención de las crisis durante la conducción en automóvil.
Los neurólogos no se ponen de acuerdo a la hora de establecer el periodo sin convulsiones preciso para permitir la conducción de vehículos a este tipo de enfermos. Por lo general, suele limitarse a uno o dos años.
A la vista de estos datos, parece razonable que el conductor con antecedentes de crisis convulsivas sea alertado de algunas precauciones como evitar la conducción nocturna, descansar suficientemente antes de realizar un viaje, evitar conducir por periodos de tiempo prolongados y sin interrupción, mantener un ritmo de sueño constante, conocer el deterioro que los medicamentos producen sobre la capacidad de conducción, evitar conducir en la primera semana de un nuevo tratamiento o tras un incremento de la dosis y no suspender bruscamente el tratamiento.
A todo ello debería añadirse, según los autores del trabajo de Harvard, el riesgo de llevar un horario laboral que dificulte el descanso suficiente entre jornadas.
Hipertensión:No existe evidencia de que la hipertensión u otros trastornos cardiovasculares constituyan por sí solos factores de riesgo asociados a los accidentes de tráfico. Un Plan de Prevención del Riesgo Cardiovascular puesto en marcha recientemente en España constata, sin embargo, una asociación reiterativa entre la hipertensión y las apneas nocturnas. La somnolencia diurna a la que éstas últimas dan lugar supone un factor de riesgo de primera magnitud.
Las alteraciones visuales (glaucoma, trastornos retinianos y cataratas) se han visto asociadas también a un deterioro general de las capacidades del conductor cuando persisten condiciones de baja iluminación o fatiga.
Es necesario, en todo caso, un suficiente flujo de información entre las autoridades sanitarias y la autoridad responsable del tráfico para que los trastornos diagnosticados por un médico sean informados a los responsables de otorgar los permisos de conducción, al efecto de reglar más que posibles inaptitudes.
Problemas deontológicos (como vulnerar el secreto profesional) hacen que la puesta en práctica de dicho flujo sea muy difícil.
Papel de los médicos
La intervención desde el ámbito sanitario se basa por ahora en la información directa al paciente, la educación sanitaria y el control de la sintomatología a través de un tratamiento. Las situaciones discapacitantes de origen psicofisiológico pueden ser, sin embargo, tanto de carácter temporal y reversible como de tipo crónico y evolutivo. Esta diferenciación sería muy útil para establecer criterios legales en la obtención del permiso de conducir y para definir objetivos de intervención preventiva.
En situaciones discapacitantes temporales, el deterioro obedece a procesos no evolutivos y generalmente reversibles. Así sucede por ejemplo, con determinados procesos víricos o infecciosos, trastornos recidivantes (migrañas, dolores traumatológicos, manifestaciones de fatiga y estrés). Estas situaciones originan un deterioro perceptivo y psicomotor que puede incrementar el riesgo de siniestralidad, especialmente en circunstancias viales imprevistas o cuando además hay una disminución de la atención o fatiga.
A veces, no obstante, es el propio tratamiento el que deteriora la capacidad de conducción (antihistamínicos en el alivio de síntomas catarrales y algunos analgésicos). El uso racional de los medicamentos supone que la información y el consejo al paciente contemplan toda interferencia entre el tratamiento y la conducción de vehículos.
Los padecimientos en distintas esferas fisiopatológicas pueden originar un deterioro que ponga en peligro la seguridad del paciente frente al volante, a pesar de que no existan patologías específicas de riesgo de accidente. Es precisamente en estos casos, en los que el papel del médico se hace insustituible. Deberá ser él quien aconseje evitar la conducción o, de ser posible, informar a las autoridades administrativas de la situación del conductor.
Las circunstancias profesionales que se asumen como normales y en las que sobresalen más horas de conducción bajo condiciones ambientales adversas y con la responsabilidad de los pasajeros o de una mercancía transportada de carácter peligroso; en estos casos el problema es mucho más grave que la utilización del vehículo de modo esporádico u opcional.
El resultado de las campañas publicitarias
Se habla mucho del énfasis que las autoridades de Tráfico ponen en la sensibilización de los ciudadanos españoles a través de la publicidad sobre el riesgo de no respetar la velocidad máxima, no ajustarse el cinturón o consumir excesivo alcohol. Un énfasis que se juzga en ocasiones, incluso desmesurado.
Los accidentes de tráfico, sin embargo, representan en la actualidad uno de los principales problemas de salud pública y se sabe que en un 10% de los casos los fallecidos o heridos había consumido, por ejemplo, algún medicamento con efecto psicoactivo. En España, un 30% de los conductores españoles toma regularmente algún fármaco de estas características.
De hecho, los accidentes de tráfico se sitúan en el quinto lugar entre las principales causas estadísticas de muerte, tras las enfermedades cardiovasculares, cáncer, las infecciones respiratorias y los trastornos digestivos. Más del 50% de los fallecidos por accidente de tráfico pertenece a la población laboralmente activa, con edades entre los 15 y 44 años de media; en realidad, casi el 80% de las muertes se produce antes de los 65 años de edad.Dicho de otro modo: los datos refuerzan la necesidad de impulsar campañas de carácter preventivo. Pero vistos los resultados, algunos expertos consideran imprescindible cargar las tintas en otra dirección divulgativa.
Tomar determinados fármacos puede aumentar el riesgo de accidente, conducir tras una jornada laboral extensa también, o hacerlo en el camino de vuelta a casa, cuando «los coches conocen tan bien su ruta como los caballos», como cuentan algunos conductores. Pero, por más equipamientos sofisticados que incorporen, los vehículos no sienten el peligro ni saben reaccionar sino es bajo nuestra conducción. Puede que las campañas preventivas deban cambiar su tercio en el futuro, implicar más a los estamentos sanitarios y laborales e incidir en que las vueltas suelen pagarse a un precio más alto que las idas.

Fuente: Consumer.es

martes, 20 de enero de 2009

Caos urbano


Cuando transitamos a cualquier hora por las calles de Buenos Aires, puede sorprendernos en cualquier esquina un accidente automovilístico. A pesar de la existencia de semáforos y también frente a la presencia de algunos policías que están de guardia en algunas calles, el peligro sigue ahí y se agudiza día a día. A esa situación podríamos agregarle un elemento que es aún, a mi entender, mucho más preocupante, el humor y la agresividad de algunos conductores y/o peatones que no escatiman palabras y gestos a la hora de mostrar su disconformidad por alguna maniobra mal realizada o algún cruce de calle en momentos en que el semáforo nos advierte no hacerlo.

Me preguntaba entonces si será suficiente el sistema de resto de puntos de la licencia de conducir, si será suficiente una sanción cualquiera para evitar estas situaciones.

Un hecho puntual

Quisiera ejemplificar el tema con algo que me sucedió ayer, y no es la primera vez: voy caminando por una avenida , llego a la esquina de otra, espero la luz verde para cruzar y cuando llego a la mitad de la calle, un motociclista que tenía vedado el paso porque aún no se había puesto el semáforo en verde para él, arranca desde la primera fila de cuantos estaban esperando, a toda velocidad dejándome perpleja y paralizada en mitad de la calle; yo iba acompañada por lo cual le hicimos una señal de que tuviera cuidado por él y la respuesta no se hizo esperar, el conductor de dicha moto frenó un poco y se despachó con una descarga de insultos tremenda sobre nosotras.

Y no es la primera vez que nos pasa, nos sucede día a día en la calle, con los autos y motos, pero también en las veredas, con la gente que va caminando como si fuera sola y no circulara nadie más por ellas, así nos van pisando los pies, chocando y empujando sin miramientos de ningún tipo. Y ni qué hablar de las mamás jóvenes con cochecitos enormes que ocupan media vereda, o cuando hacen estacionar un taxi o un remise en cualquier lugar, aún frente a los portones de garages particulares -ojalá no tengamos que salir con nuestro auto en esos momentos porque será una odisea- sin importarles nada de los demás.

Los derechos propios finalizan donde comienzan los de los demás

Me pregunto dónde ha quedado ese axioma que dice que el derecho de uno termina donde comienza el del otro. Por lo menos, en algo regulaba nuestro proceder y nuestra conducta, había un parámetro que nos regía y que respetábamos; hoy no existe, hoy el derecho es mío y la obligación es de los demás para conmigo, esa parece ser la premisa. Desde luego que no debería serlo, pero lo es.

Hoy me despierto escuchando que asesinaron a un taxista, que un auto particular lo persiguió hasta que lo alcanzó - por un roce previo entre vehículos - y lo mató de cuatro balazos. ¿Pero dónde estamos viviendo los argentinos? ¿Cuáles son los valores que nos quedan como para organizar nuestra convivencia en este tiempo?. ¿Cómo ser parte, involucrarse y comprometerse con el otro si el otro no quiere y lo que es peor, si se enoja corremos el riesgo de que nos mate? ¿En razón de qué se permite a cualquier persona portar un arma sin evaluar su condición psicológica periódicamente?.

La inseguridad, el monstruo que nos persigue

¿Acaso la inseguridad es una excusa para todo? ¿Acaso será que es más válido actuar violentamente primero para que el otro no me gane de mano?. ¿Cuál es el rol que cumplen los policías que están en algunas esquinas ajenos a todo, jugando con sus celulares, enviando mensajes de texto o conversando con algún vecino sin interesarse por lo que sucede a su alrededor?.

¿Y de qué seguridad y educación vial tenemos que hablar cuando no tenemos educación básica, modales, capacidad de detener los impulsos agresivos, controlarlos y dirigirnos al otro con respeto, como si habláramos con nosotros mismos?

¿Puede ser que algunas personas estén tan enojadas consigo mismas que las lleva a enojarse con medio mundo?. Personalmente pienso que nadie que no se respete puede respetar a otro, nadie que no se valore puede valorar a los demás, nadie que no se sienta vulnerable puede entender que la vida es efímera y vulnerable, que un accidente puede dejar incapacitado a otro pero también a uno mismo, que todo tiene un límite pero hay que tener la madurez de reconocerlo y aplicarlo.

Vivimos en una sociedad inmadura y adolescente, como individuos expresamos nuestro deseo de que cambie para bien pero, en el fondo, cuando nos toca actuar en medio de mucha gente, demostramos una total incapacidad de autocontrol y sale lo peor de nosotros mismos en forma de incontinencia verbal primero y luego de manifestaciones físicas violentas.

Pero de nada sirve seguir haciendo un diagnóstico sobre estos temas, más vale comenzar a actuar y para ello, nada mejor que apelar a la cordura de, aunque sea una persona que se encuentre cerca nuestro; puede ser un padre, una madre, un hermano o hermana, un amigo, nuestro cónyuge...porque es casi imposible que dos o más tengan las mismas reacciones en el mismo momento.

Pasar de las palabra a los hechos

Supongamos que vamos en el auto, conduce nuestro esposo y alguien nos sobrepasa, seguro que él se pone nervioso, no le gusta que el otro lo sobrepase y comienza a perseguirlo ¿qué hacemos?...¿dejamos que lo haga porque si no sería mostrarse más débil? o por el contrario deberíamos calmarlo y conformarnos pensando: ¿no será mostrarse más fuerte y equilibrado adoptar una actitud de minimizar la acción por el bien propio?.

Quizá una actitud así será considerada una cobardía por muchos pero en estos tiempos en que uno no sabe con quienes se va a encontrar, si están armados o no, si son violentos o no, si tienen problemas psicológicos y se descargan con cualquiera, ese cualquiera puedo ser yo y puedo perder la vida como le sucedió al taxista esta mañana y le sucede a tantos otros en todo momento.

La desprotección ya no tiene parangón, las estructuras gubernamentales deberían comenzar por educar a los policías, dándoles instrucciones claras de cómo actuar y cuándo pero dándoles la libertad de intervenir ante situaciones que requieren intervención urgente.

Es común que haya un accidente de tránsito en cualquier calle y uno acuda al policía apostado en la esquina y éste le responda: "no puedo actuar, no me corresponde, no es mi jurisdicción" o cosas parecidas.

Esto me hace pensar en un pasaje del Evangelio, el del buen samaritano que se paró a ayudar a quien lo necesitaba sin importarle quién era ni de dónde era, simplemente lo ayudó mientras que los del lugar, incluido un sacerdote, le pasaron por delante sin ayudarlo.

Así estamos y esperemos que este año 2009 sea un año en el que se trabaje mucho por recuperar el sentido del valor de la vida humana en todos sus aspectos y etapas y que la educación en valores humanos sea la prioridad en todos los ambientes, en la familia, en la escuela, etc. Solo desde allí podremos seguir civilizadamente y ordenadamente trabajando para conseguir un ambiente vial en el que se respeten las normas.
Textos: María Inés Maceratesi

lunes, 25 de agosto de 2008

Educación Vial para no videntes o disminuidos visuales


El ISEV, Instituto de Seguridad y Educación Vial a través de su programa "Escuela Segura" y como resultado del Proyecto Piloto desarrollado en la Región Educativa Nro 5 de Esteban Echeverría, Provincia de Buenos aires, elaboró el proyecto Educativo Vial "Lo que vemos" destinado a alumnos no videntes y disminuidos visuales, que cuenta con una edición electrónica que intenta poner en palabras y en imágenes esta experiencia que fue dirigida por la Lic. Rosana Barone y el Lic. Juan Farías, del equipo pedagógico de ISEV.


Fuente: www.escuelaseguraisev.com.ar

domingo, 10 de agosto de 2008

Conducir responsablemente:un acto de solidaridad social


En la publicación anterior: "Conducir un vehículo", consignábamos al pie que la fuente de la misma es el "Manual de Conducción" del Automóvil Club Argentino cuya primera edición fue prologada por el reconocido quíntuple campeón mundial Juan Manuel Fangio.

A continuación se transcribe el mismo:

"La conducción de automotores ha representado para mí una actividad íntimamente ligada a mi propia vida; por ello, responder a la invitación de prologar esta obra, resultante de la experiencia del Automóvil Club Argentino en materia de Educación Vial, constituye una demostración de reconocimiento a todo lo que pueda haber aportado en esta materia en el transcurso de mi existencia.

Al leer el presente Manual de Conducción, observo que las enseñanzas que transmite a través de su desarrollo, son en cierta forma, producto de las experiencias adquiridas por todos aquéllos que han considerado que el buen manejo del automóvil en los caminos y rutas del país, es la única forma de asegurar el ordenamiento del tránsito.

La metodología adoptada, responde a conceptos de gran actualidad y su ordenamiento basado en las distintas etapas de la conducción, permiten al lector ilustrarse sobre todo en lo concerniente a las medidas a adoptar antes de iniciar la marcha del vehículo como a todas las maniobras conducentes a un manejo correcto y responsable.

Si esta obra y su lectura cumple con esa intención, esta humilde presentación habrá representado para mí un verdadero acto de solidaridad social."

Juan Manuel Fangio

Comentario:

Me pareció oportuno publicar este Prólogo para resaltar sobre todo, lo que representa una conducción de vehículos responsable - un acto de solidaridad social - , ya que cuando conducimos un automóvil o cualquier otro vehículo, no lo hacemos simplemente para comodidad nuestra, para llegar rápidamente a algún lugar, o por cualquier otra cuestión, sino que estamos comprometiendo a todos los que nos rodean, dentro y fuera de nuestro vehículo.
Lo que suceda o lo que podamos evitar con nuestro accionar, repercutirá en el conjunto de la sociedad. Un accidente no nos afecta sólo a nosotros, sino que afecta y compromete a otras personas, familias, personal de sanidad, etc. etc. Conducir responsablemente es más que nada un acto de solidaridad social.
Lo dijo Juan Manuel Fangio, quien de conducir responsablemente sabía y mucho.

miércoles, 4 de julio de 2007

Tomar conciencia, el primer paso


En la Argentina en la ciudad de Reconquista, provincia de Santa Fe, se desarrolla un interesante proyecto municipal denominado Plan Integral de Seguridad Vial, orientado a la prevención vial.

En una primera etapa, un conjunto de payasos ubicados en la vía pública, con megáfono en mano, se acercaba a los infractores para ponerlos en evidencia ante la gente, o premiaba con caramelos a los buenos conductores.

En esta segunda etapa, se brinda una capacitación teórico-práctica en las escuelas y los alumnos, junto con los inspectores, penan moralmente a los conductores que no cumplen con la ley, controlan el tránsito, piden la documentación pertinente (licencia, tarjeta verde, patente, seguro) y exigen el uso del cinturón o casco, según corresponda.

"Si se detecta una infracción, los alumnos labran un acta y le establecen una «multa moral». El propósito es generar un proceso de toma de conciencia en la población.

Creo que todos debemos apuntar a que se respeten las normas de tránsito y que se eviten los accidentes", explicaron los inspectores destinados al operativo.

Los objetivos son claros: que los infractores sean identificados y que de esta manera comiencen a disminuir las infracciones de tránsito.

Fuente: CESVI Argentina

Comentario:

Buena iniciativa para poner en práctica en cualquier lugar del mundo. Importante es tomar conciencia y pagar por lo que hacemos mal. Claro está que la ley por sí sola no resuelve nada si el sujeto que tiene que respetarla no tiene claro por qué hacerlo.
Toda educación que tienda a cambiar actitudes o modificarlas tiene que estar sustentada en una escala de valores y el primer paso es justamente, la toma de conciencia.
María Inés Maceratesi